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“Las virtudes del buen periodista”
Discurso del presidente del Colegio de Periodistas de Chile, Abraham Santibáñez, en la inauguración del monumento a fray Camilo Henríquez, padre de la prensa nacional.
Autoridades
Colegas periodistas.
Estimados amigos
Fray Camilo Henríquez no fue un hombre perfecto. Como poeta fue calificado como “detestable productor de desapacibles graznidos”. Como dramaturgo no logró que se representaran sus obras. Según el lapidario juicio del historiador Francisco Antonio Encina, su designación como director de La Aurora “no fue acertada”…. “El fraile de la Buena Muerte, escribió, no era periodista. No solo carecía de la gimnasia del oficio, sino también del poder simplificador y de la intuición sicológica que hace eficaz la propaganda política por medio de la prensa” (Encina, Francisco A. Historia de Chile. Tomo 11, página 170. Editorial Ercilla, Santiago 1983.).
¿Por qué entonces este homenaje que estamos concretando como Colegio de Periodistas de Chile, justamente hoy, cuando se celebra el Día de la Libertad de Prensa en todo el mundo?
Hacemos este homenaje porque a pesar de sus debilidades humanas, le debemos a Camilo Henríquez un aporte que no podemos desconocer. Este personaje de vocación múltiple y de valiosas facetas, fue un patriota a carta cabal; fue sacerdote fiel a sus votos; fue médico y fue un empleado público que no renunció a su libertad por congraciarse con las autoridades.
Dedicó gran parte de su vida a difundir y defender las ideas de la democracia y de la participación ciudadana. Pero, sobre todo, para quienes nos propusimos concretar este homenaje, fue un periodista ejemplar. Como dictaminó Ricardo Donoso, fue “el periodista por antonomasia de la revolución y decidido promotor de la causa de la independencia política”.
Desde La Aurora de Chile, Camilo Henríquez entregó a sus conciudadanos un medio de comunicación con vocación de servicio, valiente, bien hecho y con clara conciencia de que la información era un instrumento fundamental en la batalla de las ideas por la independencia de Chile.
Insisto.
Reconocemos en este religioso de débil contextura y rostro pálido, las virtudes del buen periodista, que no está al servicio del gobierno ni de ninguna corriente empresarial, ideológica o política, sino del bien de la patria.
Camilo Henríquez representa lo mejor del periodismo de todos los tiempos. Cumplió, en su desempeño profesional y en su vida privada con lo que un siglo y medio más tarde los fundadores de nuestra orden definieron como la tarea esencial de los periodistas, tarea que hemos ido perfeccionando sucesivos códigos de ética:
“Los periodistas están al servicio de la verdad, los principios democráticos y los Derechos Humanos. En su quehacer profesional, el periodista se regirá por la veracidad como principio, entendida como una información responsable de los hechos...”.
A casi dos siglos de la fundación de La Aurora de Chile, seguimos recibiendo de Camilo Henríquez lecciones de periodismo plenamente vigentes, como el rechazo a la censura, la importancia del debate público y una pertinaz defensa de la independencia de los medios. Lecciones de ética profesional, en suma.
También hay algo más, que me parece muy relevante.
Camilo Henríquez usó, como correspondía a la tecnología de la época, una pequeña imprenta manual. Con ella dejó una impronta fundamental en la historia del periodismo: el mejor periodismo sigue siendo el que explica, contextualiza y proyecta los acontecimientos, tal como lo hizo –rudimentariamente, sin duda- la Aurora de Chile.
Como publicación orientada fundamentalmente a los temas políticos y sociales, La Aurora desarrolló quince rubros, según una exhaustiva investigación académica2. En cada uno de ellos se advierten sus firmes posturas frente a temas que tienen validez hasta hoy: la educación, la confianza en la capacidad de nuestros jóvenes y de nuestros compatriotas, la economía y la situación de los pueblos indígenas.
Señor Presidente, estimados invitados y amigos. Permítanme ahora una reflexión adicional.
Este es un momento de celebración porque realmente creemos que era necesario este reconocimiento a fray Camilo Henríquez.
Pero creo que faltaría a mi misión como presidente del Colegio de Periodistas si no reiterara ahora, lo que hemos estado diciendo en los últimos meses, antes y después de la elección presidencial. Los periodistas de Chile estamos especialmente preocupados por las condiciones en que se desarrolla nuestro trabajo. Después de 20 años de la recuperación democrática, todavía hay leyes en trámite, especialmente la que se refiere a la recuperación de la tuición ética; la situación del diario La Nación no se ha resuelto (aunque confiamos en que en este momento es un tema que va por buen camino) y no hay claridad para diferencia entre quienes trabajan en la administración pública como profesionales y quienes han llegado exclusivamente por su adhesión política.
La falta de contratos, que no es responsabilidad de este gobierno, tiene a muchos de nuestros colegas en una situación de incertidumbre que no es buena para ellos ni para los organismos donde trabajan.
Señor Presidente, quiero pedirle, con todo respeto, que dé instrucciones para aminorar en la mayor medida posible el impacto de los eventuales despidos y que, sobre todo, en la evaluación de cada caso se tome en cuenta el real nivel de desempeño profesional de nuestros colegas.
Debo retomar la idea principal de este homenaje. Debo expresar la satisfacción de quienes hemos hecho posible que se concretara esta obra. Y también, porque no puedo dejar de hacerlo, nuestro reconocimiento a quienes nos prestaron su valiosa ayuda.
Gracias todos ustedes por acompañarnos en esta histórica ocasión. En especial al Presidente de la República y a las autoridades de gobierno que nos acompañan; al Cardenal arzobispo, monseñor Francisco Javier Errázuriz y a los otros dignatarios religiosos presentes. Gracias al alcalde de Santiago, D. Pablo Zalaquett. Gracias a los representantes de las distintas organizaciones, sobre todo las relacionadas con el periodismo y las comunicaciones como la Asociación Nacional de la Prensa y a la Federación de Medios y a las otras asociaciones que la integran.
Gracias al impulsor de este homenaje, colega muy querido Fernando Otayza, y, de manera especial, a los dos vicepresidentes del Colegio de Periodistas, María Teresa Maluenda y Rodrigo Miranda. Gracias a la decisión del Consejo Nacional de la Orden, hemos podido completar la tarea que nos encomendaron a comienzos del año pasado.
Gracias a todos los periodistas y comunicadores de Chile, colegiados o no, por esta oportunidad de rendir homenaje al gran precursor, fray Camilo Henríquez.
Gracias a quienes hicieron posible este monumento. Van desde aportes personales, a algunos institucionales como el Banco Santander u oficiales como el Ministerio de la Cultura y la Comisión Bicentenario.
Gracias, por cierto, y de manera muy significativa, a la Asociación Chilena de Seguridad y a su presidente, D. Eugenio Heiremans, por contribuir de manera tan importante a esta obra.
Debo destacar no solo este hecho, sino la permanente política de colaboración de la Asociación con nuestro colegio.
Gracias, también, al escultor Hugo Brunet y a los responsables de la fundición del monumento, Santiago Rojas, sus hijos Francisco y Jorge y sus colaboradores. Y a otras empresas y otros amigos que nos ayudaron a llegar a buen puerto.
No logro imaginar cómo se sentiría nuestro colega Camilo Henríquez enfrentado a una situación como esta.
Sólo puedo pensar en ese día, tan luminoso, en que los primeros ejemplares de La Aurora empezaron a llegar a sus ávidos lectores. Me quedo con la versión de Fray Melchor Martínez, un sacerdote conservador que no veía con buenos ojos la iniciativa, menos aún si ella era dirigida por un "secuaz de Voltaire, Rousseau, y otros herejes de esta clase...". Escribió:
No se puede encarecer con palabras el gozo que causó este establecimiento: corrían los hombres por las calles con una Aurora en las manos, y deteniendo a cuantos encontraban leían, y volvían a leer su contenido, dándose los parabienes de tanta felicidad, y prometiéndose que por este medio pronto se desterraría la ignorancia y ceguedad en que hasta ahora habían vivido, sucediendo a estas la ilustración y la cultura que transformaría a Chile en un reino de sabios.
Esa sigue siendo nuestra esperanza.
Muchas gracias
Santiago, 3 de mayo de 2010.
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